La Luna

La Luna
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Desde siempre cuando planificamos nuestras salidas de observación, uno de los criterios básicos es que estemos en Luna nueva, o en todo caso que durante la observación esta no este por encima del horizonte. El motivo de esto es evidente, sobre todo para los ya iniciados: la luminosidad de nuestro satélite es tan intensa que se sobrepone a los exiguos fotones que nos llegan a la Tierra de otros cuerpos situados a enormes distancias.


Refractor 80 ED, coolpix 4300 - A.Porcel

Esto no quiere decir que la observación de nuestro único satélite carezca de interés, nada de eso. De partida su observación óptica posee la fascinación de poder contemplar “en directo” un mundo diferente al nuestro. Su silueta recortada contra el cielo, nos hace ensoñar una historia y destino ligada a la de nuestra Tierra, pero en la que la evolución ha dejado de lado la vida. Una enorme esfera rocosa gris y plata, donde los cambios casi no son perceptibles.

Pero no siempre fue así. En el pasado el Sistema Solar era mucho más activo que en el presente. Infinidad de objetos orbitaban, sobre todo la parte interior del sistema. Como consecuencia se daba un alto índice de colisiones e impactos, sobre todo en la parte más cercana al Sol. Estas colisiones pulverizaban mundos y formaban otros por agregación. Con el tiempo la frecuencia de estos sucesos fue decayendo hasta la tasa actual, en la que es muy infrecuente ver estas colisiones. Sin embargo, las huellas de aquel proceso quedaron impresas en las superficies de los cuerpos resultantes de estos procesos. Los planetas o lunas que retuvieron una atmósfera y con intensos procesos tectónicos internos, borraron en gran parte las cicatrices de aquel turbulento pasado. No fue así en los desprovistos de esta capa gaseosa y con un interior geológicamente muerto.


Smith-Cassegrain 8" - coolpix 4300 - A.Porcel


Smith-Cassegrain 8" - coolpix 4300 - A.Porcel

Este es el origen del aspecto de nuestro satélite. Cráteres, valles, mares, cordilleras, etc. fraguados en titánicos choques con otros cuerpos del, todavía incipiente, Sistema Solar. La Tierra, por cercanía, corrió igual suerte, sin embargo, la erosión debida al vulcanismo, la atmósfera, la presencia de agua líquida en la superficie, y como no, la vida, casi no ha dejado rastros de este turbulento pasado.

Hoy nuestra luna nos observa desde la noche, en un lento proceso gravitatorio, por el cual ha conformado una orbita estable junto a nuestro mundo. Sabemos, no obstante, que este equilibrio se ha ido modificando y reajustado en el tiempo. Como consecuencia, se esta alejando poco a poco de nosotros. Podemos imaginar así, unas ancestrales noches terrestres mucho menos oscuras provocadas por la presencia del inmenso disco lunar.

Todo cambia con el tiempo, sin embargo, para la experiencia humana, la Luna siempre ha sido ante todo la diosa de la noche, un reinado solo compartido con el todo poderoso Sol. Ante su ausencia, la Luna ayudo a mitigar los miedos de la oscuridad, y más. Dijo a esos hombres nacientes a la civilización, que existían otras tierras mas halla, lejos en el cielo.

Hoy ya hemos estado allí, y nos esta mostrando que ella solo es una etapa en el viaje a eso otros mundos, aun distantes en el espacio y el tiempo.


Smith-Cassegrain 8" - coolpix 4300 - A.Porcel
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2 comentarios:

El Verdugo dijo...

Buenas

Un buen articulo y un buen blog. Te felicito por tu bitácora.
Como comentario a tu arículo, solo señalar que la activa geología de nuestro planeta no ha sido capaz de impedir que aqui tengamos tambien nuestras esteructuras de impacto (como la polémica de Azuara, aqui en España).
En fin. Una buena pagina, sigue asi. Eso es todo. Hasta otra!!

Aniceto Porcel Rosales dijo...

Gracias por tus comentarios. Por supuesto que en la Tierra existen estructuras de impacto, lo que quiero decir es que estas han sido practicamente borradas por la erosión y la vida, y esto las hace poco evidentes.