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En busca del Anillo Perdido
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El lunes pasado, 26 de septiembre de 2005, en la revista Tiempo, una publicación semanal de alcance nacional de actualidad política, apareció un artículo sobre le eclipse anular de Sol del 3 de octubre. Uno más entre los muchos que estos días han aparecido y aparecerán en la prensa, radio y televisión española haciéndose eco de la ocultación del Sol por la Luna. Aunque para mi no es uno más, pues parte del contenido del artículo esta basado en una entrevista telefónica que la revista me realizó la semana anterior a su publicación. No puedo negar que este hecho me agrada, no solamente por que me citen, sino porque de alguna manera alaban mi figura como astrónomo amateur, no sin alguna que otra exageración. En el se cita que según mis compañeros de afición “soy uno de los andaluces que más sabe de eclipses”, gracias a quien o quienes me ha adjudicado dicho título, pero en realidad lo que soy desde agosto de 1999 es un apasionado de los eclipses, a ser posible, totales de Sol. Lo he dicho numerosas veces, y no creo que me canse de repetirlo, observar un total de Sol es una experiencia inigualable que todos deberíamos de disfrutar al menos, una vez en la vida.

Siguiendo con el articulo, hablan de mi intención de viajar a Libia o Turquía para ver el total del 29 de Marzo, ojala esto se haga realidad, aunque se que nos las tengo todas conmigo. La verdad es que después de 1999, me he dejado en el tintero tres totales, dos de ellos en el sur y centro de África y uno en la Antártida. Tanta geografía exótica hace que me apliquen el calificativo de “caza-eclipses”, acepción que me hace sentir algo así como un “Indiana Jones” en busca de aventuras en remotas regiones. Ya me gustaría, pero exageran cuando me atribuyen la observación de siete eclipses de Sol y otros tanto de Luna, la verdad es que habré visto media docena (o poco más) entre totales y parciales tanto de Sol como de Luna. Y si nada lo impide me faltan tres escasos días para ver mi primer anular. Lo veré a no más de 400 kilómetros de mi casa, en Cuenca, junto aun pueblecito de nos mas de 1.200 habitantes, poco exótico, y sin embargo, desde hace unos días siento ese algo especial que me provoca estar situado en esa banda imaginaria en la superficie de la tierra, desde donde el disco solar, pocos minutos antes de las once de la mañana, se vera durante no mas de cuatro minutos, como un anillo de luz.

Mi telescopio, mis cámaras fotográficas, los instrumentos para medir la meteorología, y demás llevan varios días diseminados por mi casa en un sinfín de pruebas y chequeos para asegurar que todo vaya como debe, espero que Murphy duerma ese día hasta bien caída la tarde.

A la vuelta de la “expedición del anillo” os contaré...


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